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La depresión no es un estado de ánimo.

Depresión crónica.

La depresión es una enfermedad grave de salud mental. Algo que va mucho más allá de una tristeza crónica y de un estado de ánimo decaído. La depresión es una enfermedad paralizante y una de las principales causas de suicidio.

Mucho ha aumentado la sensibilidad social respecto a la salud mental en los últimos años, pero aún queda mucho por hacer. Todavía hay gente que piensa que padecer un trastorno depresivo es estar triste y apático. Sabemos poco sobre las enfermedades mentales y en algunos ambientes continúan siendo un tema tabú.

Señala el periódico El Español que el año pasado se produjeron más de 451.000 bajas laborales relacionadas con la salud mental. La mayor parte de ellas están asociadas a trastornos de ansiedad, depresión y estrés crónico. Cada año aparecen en España 44.000 nuevos casos de depresión resistente. Una baja por depresión es una baja laboral larga, que puede exceder los 3 meses de duración. Hasta que el enfermo no se encuentra estable no puede volver al puesto de trabajo.

Parece duro decirlo, pero es el dinero que pierden las empresas con las bajas laborales es lo que ha hecho que se empiece a tomar un poco en serio el tema de la salud mental.

A pesar de ello, España solo invierte 46.000 millones de euros anuales en la salud mental. La Unión Europea recomienda un ratio mínimo de 18 psicólogos clínicos dentro de los sistemas públicos de salud por cada 100.000 habitantes. La cifra en España es de solo 6. Para que un psiquiatra de la seguridad social pueda tratar un caso de depresión hay que seguir una lista de espera que fluctúa entre los 3 y los 5 meses. Una situación que avoca a los enfermos a que sean tratados por el sector privado.

¿Qué es la depresión?

El trastorno de depresión es una alteración mental en la que el enfermo se siente triste, irritable y vacío. Perdiendo el interés por todos los ámbitos de la vida, incluidas las relaciones familiares, sociales y comunitarias. Con frecuencia se siente apático y cansado, subestimando las acciones más básicas, como puede ser la alimentación o el aseo personal.

Todos tenemos momentos de bajón, pero dice la web O.M.S. (Organización Mundial de la Salud) que los enfermos de ansiedad tienen esta sensación la mayor parte del día, todos los días, durante más de dos semanas.

Uno de los rasgos de la depresión es la proliferación de pensamientos negativos, como sentimiento de culpa, y la irrupción de impulsos suicidas. No en vano, cada año se suicidan en el mundo más de 700.000 personas a consecuencia de la depresión. Estos pensamientos son involuntarios e incontrolables. Es decir, son ajenos a la voluntad del individuo. Aparecen como un efecto de la enfermedad. Lo único que se puede intentar es ponerles freno mediante medicación y, cuando la enfermedad está controlada, mediante la adquisición de habilidades de control emocional a través de una terapia psicológica.

Respecto al origen de la depresión no se ha fijado una causa determinante. La enfermedad es el resultado de interacciones complejas en las que entran en juego factores sociales, psicológicos y biológicos. Una persona que ha sufrido un episodio traumático como la pérdida de un ser querido o una situación de abuso puede padecer depresión. También se sabe que el consumo de determinadas sustancias como el alcohol influye en la aparición de la enfermedad. En algunos casos de depresión aparece un componente genético. Tener familiares que han padecido esta enfermedad predispone a la persona a poder sufrirla.

Es importante remarcar el concepto de “predisposición”. No es que el hijo de una mujer que ha sufrido un trastorno depresivo se vaya a deprimir, pero sí tiene más posibilidades de contraer la enfermedad. Por lo que deberá trabajar una serie de habilidades de control emocional para evitarla.

Un dato significativo que proporciona la O.M.S. es que a pesar de que existen tratamientos eficaces para tratar la depresión, más del 75% de los enfermos en países de ingreso bajo o mediano, no reciben tratamiento alguno, lo que hace que la enfermedad se agrave.

¿Cuáles son los síntomas de la depresión?

Los síntomas de la depresión son múltiples y variados. Precisamente, conocer este cuadro sintomático nos proporciona una idea más precisa de en qué consiste la enfermedad. Estos son algunos de sus síntomas más habituales:

  1. Tristeza persistente. El enfermo padece sentimientos de tristeza, vacío o desesperanza que duran la mayor parte del día, casi todos los días.
  2. Pérdida de interés. Experimenta una disminución notable del interés por todas o casi todas las actividades, incluyendo las que antes le resultaban placenteras.
  3. Cambios en el apetito. Es habitual que el enfermo experimente un aumento o disminución significativa del apetito que le lleva a padecer cambios en el peso sin estar a dieta. De hecho, algunos casos de depresión derivan en trastornos alimentarios.
  4. Alteraciones del sueño. Aquí, el enfermo puede sufrir tanto insomnio (dificultad para dormir), como hipersomnia (dormir en exceso). Algo que vive casi todos los días.
  5. Fatiga crónica y pérdida de energía. Es frecuente que la persona que sufre depresión sienta cansancio o falta de energía casi todos los días, incluso sin realizar actividades exigentes.
  6. Sentimientos de inutilidad y culpa excesiva. Los sentimientos de inutilidad o culpa excesiva e inapropiada son habituales en los casos de depresión. Llegando a ser delirantes.
  7. Dificultad para concentrarse o tomar decisiones. Este es otra de las manifestaciones habituales de la enfermedad. El paciente tiene dificultad para pensar, concentrarse y tomar decisiones, casi todos los días.
  8. Movimientos lentos o agitados. Dependiendo del momento o del desarrollo de la enfermedad, el paciente puede manifestar una agitación psicomotora (inquietud física) o un retraso psicomotor (movimientos y habla más lentos). Algo que puede pasar desapercibido para él, pero que es observable por los demás.
  9. Pensamientos de muerte y suicidio. Hemos hablado de ello antes. Este es un síntoma preocupante. De manera inesperada, al enfermo le asaltan pensamientos recurrentes de muerte, ideas suicidas, e incluso puede vivir intentos de suicidio.
  10. Actos de autolesión. De igual manera, en algunos casos, los pacientes pueden sentir impulsos irrefrenables que les lleve a autolesionarse, clavándose las uñas en el brazo o buscando objetos cortantes para hacerse cortes.

¿Cómo abordarla?

El psicólogo cordobés Carlos Ruiz León, psicólogo sanitario especializado en el tratamiento de la ansiedad, la depresión y el estrés, nos comenta que un aspecto importante a la hora de tratar a un enfermo que padece un trastorno de ansiedad es el enfoque. Ante todo hay que adoptar un punto de vista de empatía. Es necesario no prejuzgar al paciente e intentar colocarse en su piel. Esto es lo que permitirá conectar con él y ayudarle a que pueda superar la enfermedad.

En estos momentos, el tratamiento de la depresión se basa en tres pautas:

  1. Seguimiento médico.

Lo primero que debe hacer el enfermo es acudir a su médico de cabecera. Si este lo considera oportuno, lo derivará a un psiquiatra. Como hemos visto al principio, las listas de espera de psiquiatría por la seguridad social son largas. Un enfermo de depresión no puede estar meses sin atender por un especialista. Por lo que si hay que acudir a un psiquiatra privado, es algo que no debemos pensarnos.

Una vez hecho el reconocimiento, el psiquiatra recetará un tratamiento y algunas pautas a seguir. Posteriormente establecerá un calendario de visitas, que suelen ser cada tres o cuatro semanas. Es importante acudir a ellas, puesto que con este sistema el especialista hará un seguimiento de la evolución de la enfermedad. Con frecuencia debe hacer un ajuste de la medicación en función de la progresión del enfermo.

  1. Tratamiento farmacológico.

Los medicamentos son el principal instrumento para controlar la enfermedad. Se trata de sustancias químicas en las que cada tipo de fármaco actúa de una manera diferente sobre el cerebro. El psiquiatra recetará una combinación personalizada de estos fármacos en función de  los síntomas específicos, la gravedad de la enfermedad y el historial del paciente. Es frecuente que a lo largo del tratamiento, el doctor varíe la medicación y su dosis, buscando aquella que mejor se adapte a la situación del paciente.

Entre los fármacos que se recetan para tratar la depresión se encuentran Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina (I.S.R.S.), como el Prozac, la Setralina o la Paroxetina, con los que se aumentan los niveles de serotinina en el cerebro al bloquear su recaptación por parte de las neuronas. También se pueden recetar antidepresivos como el Bupropión o ansiolíticos como la Quetamina, para tratar síntomas adicionales como la ansiedad o la psicosis.

  1. Terapia psicológica.

La terapia psicológica, que puede ser individual o en grupo, se suele utilizar cuando los estadios primeros de la enfermedad, que suelen ser los más peligrosos y agresivos, están controlados o superados. La terapia ayudará al enfermo a asumir su situación, le dotará herramientas para gestionar la ansiedad y le dotará de instrumentos para prevenir la reaparición de la enfermedad.

Como hemos visto, la depresión es una enfermedad grave que no debemos menospreciar.