Hay decisiones que pueden resultar muy difíciles de tomar. Una de ellas es qué hacer con nuestros mayores en determinados momentos de la vida. Lo ideal sería que todos alcanzáramos el final del camino en el lugar deseado por cada uno de nosotros, aunque en determinados casos y circunstancias no es posible. Lo más habitual es que las personas mayores, por una u otra razón, necesiten de algún tipo de cuidado o atención debido a que llega un momento en su vida en el que están solos. Son muchos los hijos que no se hacen cargo de sus mayores, pero la mayoría siempre quiere lo mejor para ellos, aunque en muchas ocasiones no pueden proporcionar los cuidados necesarios por diversas razones.
En cualquier caso, siempre hay opciones, del mismo modo que existen diferentes situaciones. Llegado el momento de elegir lo mejor para los abuelos, se puede optar por llevarlos a una residencia o decantarse por los cuidados en casa. Esta decisión es, sin lugar a dudas, una de las más delicadas a las que se enfrentan las familias, por lo que hay que considerar todas las opciones y aspectos posibles.
No se trata únicamente de la organización de los cuidados necesarios; hay que pensar en aspectos como la tranquilidad emocional y cómo se quiere que sea esa etapa para la persona que tanto queremos.
Son muchas las ocasiones en las que la necesidad surge poco a poco: pequeños olvidos, dificultad para moverse, necesidad de ayuda con la medicación o el aseo, etc. En estos momentos surge la pregunta que tanto cuesta formular: ¿hay que llevarlos a una residencia o se pueden cuidar en casa? No existe una respuesta única y válida. Cada situación es diferente y necesita una solución adecuada. Existen circunstancias que permiten que el servicio de ayuda a domicilio sea el más adecuado, siendo más humano y respetuoso con los mayores, así como situaciones en las que lo mejor es una residencia.
Una decisión difícil
Plantearse si hay que llevar a un mayor a la residencia o proporcionarle los cuidados necesarios en casa es un momento difícil. En la Residencia Nuestra Señora del Rosario, donde cuentan con un equipo multidisciplinar altamente cualificado que desarrolla su actividad con ilusión y respeto hacia el mayor, nos explican que, en muchas ocasiones, se intenta tomar esta decisión en base a los aspectos más prácticos: los costes, la disponibilidad o el grado de dependencia. Sin embargo, hay que tener en cuenta que existe un componente emocional muy profundo que también pesa.
El hogar no es únicamente un lugar en el que se vive. Es el lugar en el que cada persona construye su historia, permanecen sus recuerdos, sus fotografías, su sillón favorito y su rutina diaria. Cambiar todo esto puede suponer un impacto importante, sobre todo en aquellas personas que necesitan estabilidad.
Por otro lado, tenemos el bienestar de la familia, que en ocasiones se siente desbordada y tiene miedo de hacerlo mal. Dentro del debate entre si es mejor opción la residencia o los cuidados a domicilio, son muchas las familias que buscan la opción que permita acompañar al mayor sin caer en la sobrecarga física y emocional.
No siempre es fácil saber cuándo llega el momento de dar el paso. Cada familia vive una situación diferente y cada mayor tiene sus necesidades y deseos particulares. No obstante, existen circunstancias concretas en las que el servicio de ayuda a domicilio es la alternativa más adecuada con el equilibrio necesario entre seguridad, autonomía y tranquilidad. Los aspectos que determinan que esta opción es la mejor empiezan por la preferencia del mayor de permanecer en su entorno. Respetar la voluntad de la persona es fundamental. Muchas expresan con claridad que quieren permanecer en su casa el mayor tiempo posible y no es solo una preferencia; impacta en su autoestima y bienestar emocional. Mantenerse en su entorno permite que conserve su autonomía incluso cuando necesita ayuda. Toman decisiones sobre su rutina, sus horarios y su alimentación, por lo que el apoyo profesional se integra en su vida y no la sustituye.
Si el grado de dependencia no requiere atención médica constante, el cuidado a domicilio puede ser adecuado. No todas las necesidades de dependencia exigen una residencia. Muchas personas necesitan ayuda con el aseo, la movilidad, la compra, la limpieza y el control de la medicación, pero no necesitan tener una supervisión constante y permanente.
Cuando la familia quiere seguir formando parte activa del cuidado del mayor, los cuidados a domicilio son la mejor opción. Uno de los mayores temores cuando se opta por la residencia es la sensación de delegar completamente los cuidados, aunque no tiene por qué ser así en todas las situaciones. Los cuidados en casa permiten que la familia siga implicada sin tener que asumir toda la carga. Los profesionales apoyan en las tareas más exigentes y los familiares acompañan, conversan, comparten tiempo de calidad, etc.
El último aspecto a considerar para elegir los cuidados en casa es si el entorno conocido es clave para mantener su estabilidad emocional. Un cambio puede afectar de forma muy significativa, sobre todo cuando las personas padecen un deterioro cognitivo leve, demencia en fases iniciales o problemas de orientación. El hogar ejerce como referencia constante, ya que reconoce los espacios, los objetos y los sonidos. Esa familiaridad reduce la ansiedad y ayuda a que se mantengan las rutinas que aportan seguridad.
La residencia y lo que proporciona cada opción
Antes de hablar de las ventajas que suponen los cuidados a domicilio o de cómo tomar la mejor decisión, tenemos que hablar de aquellos casos en los que la residencia es la mejor opción. Hay que ser honestos y tener presente que en determinados casos la residencia es la elección más adecuada. Si los mayores presentan una dependencia elevada, necesitan de una atención sanitaria continua, tienen conductas que comprometen su seguridad o la de otros, viven en una situación en la que el domicilio no se puede adaptar de forma adecuada o la sobrecarga familiar es extrema y no existe red de apoyo, la mejor opción es la residencia. Como ya hemos comentado, la decisión no tiene que basarse en la culpa o la responsabilidad, sino en el bienestar general de la persona. La mejor decisión es la que garantiza seguridad, aunque cueste más a nivel emocional.
Ahora bien, los cuidados en casa presentan una serie de ventajas que se convierten en beneficios frente a los cuidados que proporciona una residencia, salvo en los casos citados. Al analizar detenidamente todos los aspectos relativos a tomar la decisión, se puede observar que los cuidados a domicilio suponen una atención totalmente individualizada, adaptada a los horarios y las necesidades reales de cada mayor. Además de proporcionar mayor intimidad y respeto hacia la forma de vida de la persona. También ofrece mayor flexibilidad a la hora de ajustar el servicio en razón de la evolución de la situación, dentro de un entorno emocionalmente seguro y permitiendo continuidad en las relaciones sociales del barrio o de la comunidad.
Los cuidados en casa evitan que el mayor tenga que pasar por el proceso de adaptación a un entorno nuevo que puede resultar complejo y emocionalmente exigente en determinadas circunstancias.
Lógicamente, se sienten dudas, algo totalmente normal. Son muchas las familias que se preguntan si están haciendo lo correcto. No existe una opción correcta; existe la opción adecuada para cada situación. Informarse bien, valorar el grado real de dependencia, escuchar a la persona mayor y analizar los recursos disponibles ayudan a que se tome la mejor decisión de forma tranquila. Entre las residencias o los cuidados en casa, lo más importante no es lo que elige la mayoría, sino lo que requiere cada situación concreta. Sin olvidar que toda decisión tomada puede revisarse y adaptarse con el tiempo.
Una vez que se valoran las diferentes opciones, son muchas las familias que se dan cuenta de que no hay que buscar la opción perfecta, sino la solución que mejor funcione y permita que los mayores estén seguros, acompañados y tranquilos, permitiendo a la familia mantener el día a día sin sentir que se desborda. En ocasiones, empezar con apoyo en casa, por horas o un servicio de ayuda a domicilio más completo, permite ganar tiempo, observar la evolución de la situación y tomar las decisiones con menos presión.
Los cuidados en casa no son siempre la mejor opción; es muy adecuado cuando existe una dependencia leve o moderada y se puede garantizar la seguridad en el domicilio. Sin embargo, en las situaciones en las que existe alta complejidad médica o dependencia severa, las residencias son las que disponen de los recursos más adecuados y especializados. Por lo que lo más importante es analizar cada caso de forma individual y tomar la decisión en base a las necesidades particulares.
La autonomía, el estado de salud, la situación emocional de la persona, la familia disponible y los recursos económicos, así como valorar la vivienda y su accesibilidad, si se puede adaptar y es segura, son los factores que hay que considerar antes de tomar la decisión.
En definitiva, la elección debe hacerse teniendo en cuenta las necesidades reales del mayor y sus preferencias siempre que sea posible.