Uno de los aspectos en los que más hemos avanzado es en lo que a salud mental respecta. La locura ya no es un término despectivo con el que denominar a las personas que padecen algún problema psicológico. Ahora no se habla de locos o trastornados, se habla de personas que padecen problemas mentales con solución. No es necesario enviarlos al psiquiátrico, tan solo hay que escuchar y apoyar. Los especialistas en este tipo de enfermedades y problemas relacionados con la salud mental han evolucionado de tal manera que el abordaje de los pacientes se realiza de una manera más efectiva.
El simple hecho de no ver a la psiquiatría o la psicología como un enemigo y entender la salud mental como algo tan natural como la salud física es el punto de partida que hace que las personas que se sienten mal psicológicamente hablando no teman buscar ayuda.
Dentro de estos avances, nos encontramos con las terapias integrativas, un enfoque de la psicoterapia y la psiquiatría en el que se combinan diferentes corrientes psicológicas para adaptarse a las necesidades particulares de cada persona. Este abordaje de la psiquiatría no se centra en aliviar los síntomas; se centra en la comprensión de la persona a nivel global: su historia, sus emociones, sus pensamientos, su cuerpo y su entorno. Consiste en un tipo de terapia que pretende acompañar los procesos de cambio desde una perspectiva humana, flexible y profunda, para lo que integra recursos de diversas escuelas. Todo ello está destinado a promover el bienestar emocional y el crecimiento personal de las personas que recurren a ella.
En pleno siglo veintiuno, psiquiatría y psicología han evolucionado para adaptarse a las necesidades e intereses de las personas que precisan acompañamiento psicológico, dando como resultado las terapias integrativas.
Un enfoque con muchas técnicas
La psicoterapia integradora está basada en un enfoque en el que se combinan diferentes técnicas, modelos y perspectivas de la ciencia de la psicología y la psiquiatría con la única finalidad de adaptarse a las necesidades que cada persona puede presentar en los diferentes momentos y etapas de la vida. La Dra. Marina L. Sierra, como psiquiatra con un enfoque integrativo, nos explica que la psiquiatría integrativa supone un enfoque holístico en el que se reconoce la interconexión existente entre mente, cuerpo y espíritu. De tal manera que se centra en el tratamiento de la persona en su totalidad y no únicamente en los síntomas, para lo que recurre al uso de una amplia variedad de modalidades terapéuticas como pueden ser la nutrición, el ejercicio, las terapias de grupo o la meditación, entre otras. Con esto se pretende promover el bienestar mental y emocional de la persona.
Un terapeuta integrativo se aleja del marco teórico riguroso y se forma de manera integral para poder escoger la corriente necesaria en cada caso, para poder ayudar a la persona que recurre a sus servicios, utilizando las herramientas y técnicas adecuadas y basadas en la evidencia científica. La psicoterapia integrativa se basa en una serie de principios y, como cualquier ciencia, cuenta con una estructura y un esquema sobre los que se basa y desde los que nacen ramificaciones en función del profesional que la utilice. No obstante, tiene que cumplir con una serie de fundamentos filosóficos de los que vamos a destacar los más relevantes.
La contemplación de la individualidad de la persona. La persona que acude a la consulta es única y, en consecuencia de ello, tiene que ser atendida y tratada. De forma personalizada y entendiendo que su sintomatología es suya, no parte de un conjunto de rasgos generalistas. Este principio, aun siendo de lo más básico y esencial, es sinónimo de buena praxis y responsabilidad terapéutica.
El trabajo se realiza desde una perspectiva integral. A todas las personas les acontecen situaciones que pueden dejarles huella y esta debe contemplarse desde un punto de vista holístico, garantizando que se vea a la persona como un todo integrado y aunando sus emociones, conductas y procesos cognitivos, junto al resto de aspectos que posea, como sus creencias, los prejuicios, sesgos, etc.
Orientación hacia el cambio, el desarrollo y el crecimiento personal. La terapia integrativa requiere una orientación hacia el cambio y el crecimiento, de tal manera que la terapia no se centra en la sintomatología en sentido purista, sino que permite a la persona que explore, crezca y cambie a través del autoconocimiento y el trabajo en las diferentes áreas que componen su vida.
El énfasis en la creación del vínculo terapéutico. Este vínculo es esencial en terapia para poder crear un espacio seguro dentro del que la persona sienta que se trata de un espacio en el que se pone el punto de mira en la mejoría.
Ver al paciente y que el paciente se sienta visto. Para lo que resulta de gran importancia añadir coherencia y congruencia con las herramientas utilizadas y la problemática que se ha presentado en la sesión. De este modo se pueden evidenciar los resultados tanto a nivel interno como a nivel externo.
Finalidad de la terapia integrativa
Este tipo de psicoterapia tiene la finalidad de acompañar, orientar y proporcionar respuestas a los malestares que una persona pueda sentir. No se queda en el síntoma, tratando de ir un paso más allá, creando un plano preventivo a varios niveles. La psicología de la salud propone diferentes tipos de prevención. Siendo la prevención primaria uno de ellos, basada en una intervención dirigida a evitar que se produzcan problemas. Este tipo de prevención se centra en enseñar herramientas que hacen posible mantener la salud y mejorar la calidad de vida.
En la prevención secundaria que propone la terapia integrativa, se centra en identificar los diferentes problemas que hayan surgido y se basa en la actuación inminente para frenar el curso que sigue la sintomatología, lo que evita que se desarrollen trastornos de mayor gravedad.
Cuando la persona en cuestión tiene problemáticas desarrolladas e instauradas, el tratamiento interviene de forma directa sobre ellas. En este punto se concentra el trabajo de los terapeutas, pudiendo tratar diferentes trastornos del estado de ánimo como la ansiedad y la depresión, utilizando herramientas como la terapia EMDR o la arteterapia.
Una vez que el tratamiento cumple su finalidad y la persona mejora de forma significativa su calidad de vida, entra en juego la prevención terciaria, destinada a prevenir recaídas y evitar que se produzcan complicaciones en el futuro.
En esta ocasión no vamos a hablar sobre si la terapia integrativa es mejor que otras terapias. Esto puede conllevar la idea de que existen desventajas cuando lo cierto es que no hay una terapia mejor que otra. Cada persona tiene una necesidad y lo que para una es buena opción, para otra no tiene por qué serlo. Teniendo esto en cuenta y que no hay algo mejor o peor, puesto que todo depende de la persona en cuestión, hablaremos de dos aspectos que destacan en las terapias integrativas sobre otras terapias. Sin que esto la convierta en mejor, volvemos a repetir.
La personificación de la terapia es uno de los aspectos más valiosos de la terapia integrativa. Como ya hemos comentado, la personificación y la individualización del tratamiento resultan esenciales. Para lograrlo, el profesional tiene que contar con una excelente formación que le permita conocer un amplio espectro de corrientes y diferentes técnicas entre las que escoger para poder utilizar las más adecuadas en cada caso. Por ejemplo, citaremos la terapia cognitivo-conductual, que ofrece técnicas de gran eficacia para tratar los síntomas de ansiedad de forma puntual y directa, pero en cambio, la terapia integrativa puede apoyarse en dicha corriente para enseñar las estrategias prácticas e incorporar los elementos sistémicos con los que explorar la raíz de los patrones de relación que pueden favorecer la presencia de los síntomas de ansiedad.
Por otro lado, tenemos la visión holística que nace de la personificación de la terapia. Esta visión aúna diferentes partes del ser: lo cognitivo, lo conductual, lo relacional, lo emocional y, de ser importante para el paciente, el plano espiritual. Esto resulta esencial debido a que no es lo mismo tener un conflicto con la orientación sexual o la identidad de una persona religiosa que cuando la persona carece de esas creencias. Las terapias integrativas movilizan la totalidad de la persona de forma flexible, lo que permite trabajar de forma independiente para subsanar los problemas y obtener resultados inmediatos, además de poder trabajar de forma global a niveles más profundos.
En resumidas cuentas, las terapias integrativas representan la respuesta actualizada y eficaz a la complejidad de las emociones y las necesidades humanas. Para hacerlo, combina diferentes perspectivas teóricas y técnicas basadas en la evidencia, proporcionando a todas aquellas personas que lo requieran y necesiten terapias de calidad totalmente personalizadas y en consonancia con las características particulares que tenga la persona.
Las terapias integrativas son un enfoque psicoterapéutico en el que se combinan las herramientas utilizadas por diferentes corrientes de la psicología y la psiquiatría, con la finalidad de proporcionar a los pacientes una intervención adaptada a sus necesidades particulares. Ayuda a comprender el origen del malestar, mejorar la gestión emocional, fortalecer la autoestima y fomentar una vida coherente con uno mismo.