Sentimos el estrés como un apéndice de nuestras emociones. Para muchas personas, la convivencia con este estado psicológico y mental de forma prolongada hace que resulte difícil recordar cómo era su vida antes de experimentar el estrés de forma continua. Sabe que había algo mejor, pero no sabe decir qué. Para muchos esto resultará bastante familiar: el estrés que no se va y acaba convirtiéndose en o acompañando a la ansiedad.
La mayoría de las personas experimentan estrés y ansiedad de forma ocasional. Es algo inevitable y no siempre es negativo. El estrés se define como cualquier demanda que se impone al cerebro o al cuerpo. Las personas pueden decir que se sienten estresadas en el momento en que se les imponen varias obligaciones. La sensación de estar estresado se puede desencadenar por un evento que hace sentir frustración o nerviosismo. La ansiedad va más allá. Se trata de un sentimiento de miedo, preocupación o malestar que puede deberse a una reacción ante el estrés o presentarse en personas incapaces de identificar factores estresantes significativos.
Como decimos, el estrés y la ansiedad no son siempre negativos. A corto plazo puede ayudar a superar desafíos o situaciones peligrosas. Un ejemplo de estrés y ansiedad diarios puede ser la preocupación por encontrar un trabajo, sentir nervios antes de hacer una prueba o sentir vergüenza ante una situación social. Si no se experimenta algún grado de ansiedad, lo más posible es que no exista motivación para realizar las cosas que es necesario llevar a cabo, como, por ejemplo, preparar un examen importante.
Cuando el estrés y la ansiedad interfieren en la vida diaria, sí pueden ser indicio de que existe un problema mayor. Si se evitan situaciones a consecuencia de miedos irracionales, existe una preocupación constante o se experimenta ansiedad severa a consecuencia de un evento traumático, con el paso del tiempo puede ser un problema que requiera de ayuda.
Síntomas físicos y psíquicos
Tanto el estrés como la ansiedad pueden llegar a producir síntomas de carácter físico y psíquico. Cada persona los experimenta de forma diferente, siendo los más comunes y habituales el dolor de estómago, la tensión muscular, el dolor de cabeza, la respiración acelerada, el ritmo cardíaco rápido, la sudoración, los temblores, los mareos, la micción frecuente, los cambios en el apetito, los problemas para dormir, la diarrea o la fatiga, en lo que a síntomas físicos respecta.
Sobre los síntomas mentales o emocionales, en TeraParte, centro de psicoterapia con tratamientos especializados, individuales y de grupo personalizados y adaptados a las características y necesidades de cada persona, nos explican que pueden incluirse: sentimientos de fatalidad inminente, pánico o nerviosismo, sobre todo en entornos sociales, dificultad para concentrarse, ira irracional o intranquilidad.
Aquellas personas que padecen estrés y ansiedad durante un largo periodo de tiempo pueden llegar a experimentar una salud negativa relacionada, siendo más propensas a desarrollar enfermedades cardíacas, una presión arterial alta, diabetes o incluso derivar en depresión o trastorno de pánico.
En la mayoría de las personas, el estrés y la ansiedad aparecen y desaparecen, por lo general tras una situación particular como puede ser una mudanza, empezar en un nuevo colegio o trabajo, tener una enfermedad o lesión, tener un amigo o familiar enfermo, el fallecimiento de un ser querido, casarse o ser padres.
Por otro lado, cabe señalar que algunos medicamentos que contienen estimulantes en su composición pueden llegar a empeorar los síntomas del estrés y la ansiedad. Consumir cafeína, tomar drogas ilícitas o incluso la ingesta de alcohol pueden empeorar los síntomas del estrés y la ansiedad. Dentro de los medicamentos con receta, los destinados al tratamiento de la tiroides, los inhaladores para el asma o las pastillas para la dieta pueden hacer que los síntomas empeoren.
Tanto el estrés como la ansiedad que se producen de forma frecuente o se encuentran por encima de un factor estresante pueden ser señales de un trastorno de la ansiedad que hace que las personas que lo padecen se sientan ansiosas y estresadas a diario y por un largo periodo de tiempo. Dentro de estos trastornos, podemos destacar los siguientes:
- Trastorno de ansiedad generalizada. Un trastorno de ansiedad común que se caracteriza por tener una preocupación incontrolable. A veces se preocupan por lo malo que sucede a ellos mismos o a sus seres queridos y a veces no saben identificar la fuente de preocupación.
- Trastorno de pánico. En este caso se producen ataques de pánico, momentos de miedo extremo acompañados de fuertes latidos, falta de aliento y miedo a la fatalidad.
- Trastorno de estrés postraumático. Con imágenes retrospectivas o ansiedad a consecuencia de una experiencia traumática.
- Fobia social que provoca sentimientos intensos de ansiedad en aquellas situaciones que implican la interacción con otras personas.
- Trastorno obsesivo-compulsivo, con pensamientos repetitivos y compulsión para completar ciertas acciones.
De manera que tanto el estrés como la ansiedad pueden convertirse en problemas de mayor envergadura si no se produce una adecuada gestión de las situaciones que los desencadenan. Veamos algunas de las causas que pueden derivar en situaciones de estrés y ansiedad que pueden requerir de ayuda.
Situaciones que generan estrés y ansiedad
El estrés es una reacción del cuerpo ante una situación que se percibe como amenaza o desafío. Estas situaciones pueden ser físicas, emocionales o mentales. Cuando sentimos estrés, nuestro cuerpo libera hormonas como el cortisol y la adrenalina, preparándonos para una respuesta de lucha o huida. Esta respuesta es útil en situaciones de peligro inmediato, pero ante una exposición prolongada a una situación de estrés, los efectos pueden ser negativos para la salud. El estrés puede ser provocado por varias causas, tanto a nivel interno como externo, incluyendo factores como el entorno laboral, la vida personal y las situaciones sociales.
Las exigencias laborales, las largas jornadas de trabajo, las fechas límite y la falta de apoyo pueden generar estrés laboral. Las condiciones de trabajo precarias y las relaciones tensas contribuyen a este tipo de estrés.
Los cambios en el entorno con eventos como el matrimonio, el divorcio, la pérdida, el nacimiento de un hijo o el cambio de residencia pueden producir elevados niveles de estrés. Las dificultades económicas, las deudas, la incertidumbre financiera… pueden convertirse en una constante fuente de preocupación y estrés. La inseguridad económica afecta a la salud en general y aumenta los niveles de ansiedad y tensión.
Las relaciones personales conflictivas, sean con la pareja, la familia o los amigos, pueden generar estrés. La falta de apoyo emocional y los problemas de comunicación pueden desencadenar estrés dentro del ámbito personal.
Otros aspectos, como los factores ambientales, que pueden ser el ruido constante, la contaminación, los espacios llenos, unas condiciones de vida inadecuadas, vivir en entornos caóticos o desorganizados, pueden aumentar de forma notable la tensión, el estrés y la ansiedad.
No pueden faltar en las listas de causas y factores desencadenantes los problemas de salud, como las enfermedades crónicas, las lesiones y los problemas de salud mental, como la ansiedad o la depresión. Los dolores físicos, como el dolor de espalda o la tensión muscular, se asocian con frecuencia a unos altos niveles de estrés.
La ansiedad es una emoción normal que se produce ante una situación en la que se siente amenaza por un peligro, ya sea externo o interno. Hay que diferenciar entre miedo y ansiedad. En el primer caso, el sujeto conoce el objeto externo y delimitado que le amenaza y prepara su respuesta; en el segundo, se desconoce el objeto, siendo una amenaza interna y existiendo dificultad para la respuesta. La ansiedad es anormal cuando es desproporcionada y se prolonga demasiado en relación con el estímulo que la desencadena.
Dentro de las causas fundamentales de la ansiedad, encontramos los factores genéticos, que hacen que exista una predisposición al trastorno, aunque se desconoce cuál es su contribución exacta; el tipo de educación y la personalidad son aspectos a tener en cuenta, ya que aquellas personas que la padecen presentan dificultad a la hora de afrontar acontecimientos estresantes.
Aparte de estos aspectos, los factores que pueden desencadenar una enfermedad relacionada con la ansiedad son los acontecimientos estresantes, sobre todo las dificultades existentes en las relaciones interpersonales, las enfermedades físicas y los problemas laborales.
Los trastornos de la ansiedad se pueden cronificar si los acontecimientos o situaciones estresantes que los provocan persisten o se mantienen los estilos de pensamiento que generan temor a la presentación de los síntomas, lo que da como resultado un círculo vicioso entre la ansiedad y el miedo a padecerla.
Por lo general, el curso de la ansiedad es crónico y con fluctuaciones, sobre todo en el caso de la ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno fóbico de inicio en la infancia.
Cuando se trata de una ansiedad crónica, se pueden presentar de forma frecuente estados de depresión. Si se recibe el tratamiento adecuado, la mitad de los afectados no vuelve a presentar una crisis de angustia.
Las enfermedades mentales son, como se puede comprobar, muy frecuentes y hay que tenerlas presentes para atajarlas lo antes posible, aunque se trate de estrés y ansiedad, reacciones naturales que se convierten en problemas reales que afectan a la calidad de vida.