Algunas cosas que debes saber sobre los implantes dentales.

Implante dental

La colocación de implantes es uno de los tratamientos más efectivos que existen en la salud dental. La implantología, la técnica de colocación de implantes, es una de las ramas de la odontología que más adelantos tecnológicos y técnicos ha vivido en los últimos tiempos. Hoy, los implantes dentales son un tratamiento seguro, con muy pocos riesgos y que se puede realizar en la mayoría de personas que han perdido piezas dentales. A pesar de todo ello, hay una serie de cuestiones que es importante conocer antes de someterse a este tratamiento. Te hablaremos de ellas.

Aunque es un asunto de sobra conocido, vale la pena recordar que el implante es el apósito que sustituye a la raíz del diente. Es el famoso tornillo que se instala dentro de la encía. Y que debe integrarse con el hueso alveolar que sujetaba la pieza dental. Por lo que, excepto en tratamientos especialmente novedosos, siempre transcurre un tiempo entre la colocación del implante y la instalación de la prótesis o corona. Tiempo donde debe haber una supervisión sanitaria.

La periodontitis, una evolución agresiva de la gingivitis, en la que la placa bacteriana se introduce dentro de la encía y ataca a los tejidos blandos y a los que dan soporte a la pieza dental, es la causa más habitual de pérdida de dientes naturales en la población adulta. Para proceder a la colocación de un implante, es necesario que la zona no tenga infección. Por lo que a menudo hay que efectuar un tratamiento de limpieza y saneamiento periodontal antes de colocar el implante.

Cuando transcurre mucho tiempo entre la caída del diente y la colocación del implante, el hueso maxilofacial se retrae. Por lo que es posible que se den casos donde el paciente no tenga una calidad y cantidad de hueso suficiente para que se integre el implante dental correctamente. Ante esta situación, se suelen realizar injertos y tratamientos de reconstrucción ósea antes de colocar el implante.

Como vemos, colocar un implante dental es más complicado de lo que a simple vista nos parece. Es importante que el paciente conozca en qué consiste el procedimiento y los riesgos que entraña. Estas son algunas cosas que debes conocer.

La osteointegración. 

Para que el implante sea efectivo, soporte las tensiones propias de la masticación y el diente artificial no se caiga, es necesario que se integre con el hueso maxilofacial, mediante una especie de soldadura natural.

Por esta razón, como nos recuerdan los odontólogos de la Clínica Herrán, una clínica dental de Pozuelo de Alarcón (Madrid), que llevan más de 40 años tratando la salud bucodental de sus vecinos por medio de tratamientos personalizados y que disponen de un equipo de profesionales especializados en esta rama, los implantes se fabrican con materiales biocompatibles con el cuerpo humano, como el titanio. Materiales que no solo a penas producen rechazo, sino que propician la integración con el hueso alvolar, la osteointegración.

La osteointegración es el proceso mediante el cual un implante dental se une al hueso maxilar hasta quedar firmemente soldado a él. En este proceso, lo que se produce es una unión molecular. Las moléculas del implante se integran con las del hueso de manera que el implante parece una prolongación de la estructura ósea.

Este proceso necesita tiempo. Habitualmente, la osteointegración puede prolongarse entre dos y seis meses, dependiendo de las características del paciente y de la zona tratada. En la mandíbula inferior, donde suele existir una mayor densidad ósea, la integración puede producirse con mayor rapidez. Hasta comprobar que el implante está correctamente fijado, no se coloca la prótesis definitiva.

La osteointegración puede controlarse mediante herramientas tecnológicas, como explica la revista Top Doctors, que permiten al odontólogo conocer el grado de estabilidad alcanzado. Entre ellas se encuentra el Penguin RFA, un dispositivo capaz de realizar una medición en pocos segundos y proporcionar información sobre la integración del implante.

Este tipo de tecnología ayuda al especialista a decidir cuándo es adecuado colocar la corona o prótesis. Así, el tratamiento puede realizarse de forma más controlada, siguiendo la evolución del implante desde su colocación hasta la recuperación del paciente.

Los tipos de implantes.    

Como nos explica la revista sobre odontología Gaceta Dental, existen diferentes tipos de implantes. Cada uno de ellos se adapta a las características concretas del paciente, pudiendo ofrecer un tratamiento altamente personalizado.

Entre los diferentes tipos de implantes encontramos los de titanio. Los implantes de titanio son los más utilizados en odontología porque combinan resistencia, durabilidad y ofrecen una excelente biocompatibilidad. Se trata de pequeños tornillos que se colocan en el hueso maxilar o mandibular para sustituir la raíz de un diente perdido. El organismo tolera bien este material y permite que el tejido óseo se adhiera progresivamente a su superficie mediante la osteointegración. Además, el titanio es ligero, resistente a la corrosión y puede adaptarse a diferentes situaciones clínicas, por lo que continúa siendo la opción de referencia en implantología.

Los implantes de circonio, otro tipo de implante, constituyen una alternativa especialmente interesante cuando se busca un resultado estético. Este material cerámico presenta una elevada compatibilidad con los tejidos y su superficie dificulta la acumulación de placa bacteriana. Su principal característica estética es su tonalidad blanca, más parecida al color natural de los dientes que al aspecto metálico del titanio. Por ello, pueden resultar especialmente apropiados para sustituir piezas situadas en zonas muy visibles. Como la parte delantera de la dentadura. Suelen fabricarse en una sola pieza, una característica que puede limitar su adaptación a determinadas situaciones.

Los implantes cigomáticos están indicados principalmente para pacientes que presentan una pérdida importante de hueso en el maxilar superior y no cuentan con suficiente volumen óseo para colocar implantes convencionales. En estos casos, el implante se fija en el hueso cigomático, localizado en la zona de los pómulos, que ofrece una base sólida para conseguir estabilidad. Son más largos que los implantes tradicionales y su colocación requiere una planificación especializada, habitualmente apoyada en técnicas de diagnóstico y planificación digital.

Por otro lado, los implantes de carga inmediata, una de las últimas novedades en implantología, se diferencian principalmente por la posibilidad de colocar una prótesis provisional poco tiempo después de insertar el implante. De esta manera, el paciente puede disponer de una pieza dental provisional sin tener que esperar a que finalice todo el proceso de osteointegración. No significa que el implante haya completado su unión con el hueso en ese momento, sino que la prótesis se utiliza durante la fase de cicatrización. La posibilidad de aplicar esta técnica depende de factores como la estabilidad inicial conseguida, el estado del hueso y las características particulares de cada paciente.

Es importante tener en cuenta que, aunque el paciente puede expresar su preferencia por un tipo de implante u otro, es el especialista el que escogerá la opción más adecuada, partiendo del estado de la salud bucodental del paciente, tras hacer un estudio detallado, de manera que propondrá un tratamiento personalizado.

El riesgo de infección.  

Aunque está bastante controlado, un implante corre el riesgo de infectarse. Esta infección se llama periimplantitis.

La periimplantitis es una enfermedad inflamatoria que afecta a los tejidos que rodean un implante dental, especialmente la encía y el hueso encargado de mantenerlo estable. Su aparición está relacionada principalmente con la acumulación de placa bacteriana alrededor del implante. Cuando estas bacterias proliferan, pueden provocar una inflamación que, si progresa, termina afectando al tejido óseo. Una higiene bucodental insuficiente, el tabaquismo y determinados factores relacionados con la superficie del implante aumentan el riesgo de padecerla.

Tras la colocación del implante, la encía necesita un periodo de cicatrización y el implante debe integrarse progresivamente en el hueso mediante la osteointegración. Durante esta fase es especialmente importante seguir las recomendaciones del odontólogo y mantener una limpieza dental adecuada. Una infección en los tejidos que rodean el implante puede manifestarse mediante encías inflamadas, enrojecimiento, sangrado, sensibilidad, mal aliento o secreción de pus.

El problema puede agravarse si la inflamación se mantiene durante mucho tiempo. La infección puede provocar una pérdida progresiva del hueso que rodea el implante, reduciendo su estabilidad. En los casos más avanzados, esta pérdida de soporte puede acabar comprometiendo la permanencia de la pieza implantada. Por este motivo, las revisiones periódicas permiten detectar alteraciones en una fase inicial y actuar antes de que el daño sea mayor.

Para reducir las posibilidades de desarrollar periimplantitis, resulta fundamental mantener una correcta higiene oral, utilizar los sistemas de limpieza recomendados por el dentista y acudir a las revisiones programadas. También conviene controlar aquellos factores que pueden dificultar la cicatrización o favorecer las infecciones, como el consumo de tabaco o determinadas enfermedades que requieren seguimiento médico.

En cuanto al denominado rechazo de los implantes dentales, la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) considera más adecuado hablar de fracaso del tratamiento que de un rechazo propiamente dicho. Los materiales empleados, especialmente el titanio, presentan una elevada biocompatibilidad y no suelen provocar una reacción de rechazo del organismo. Los problemas suelen estar más relacionados con una osteointegración deficiente, una cicatrización inadecuada de los tejidos blandos, infecciones o una pérdida progresiva de hueso alrededor del implante. Por tanto, cuando un implante no evoluciona correctamente, es necesario determinar cuál es la causa concreta antes de atribuirlo a un supuesto rechazo.

Revisiones posteriores.

Lo acabamos de señalar, pero es preciso incidir en este punto. Colocado el implante y aunque el tratamiento haya sido todo un éxito, es conveniente acudir periódicamente a una revisión en la clínica dental. El que un paciente tenga instalados uno o varios implantes dentales o se le haya colocado una prótesis fija no está exento de acudir a la revisión semestral rutinaria. Todo lo contrario.

Es cierto que un implante dental no se va a ver afectado por una caries. Pero el problema de la periimplantitis sigue estando ahí. La infección puede aparecer en el momento menos pensado. Algunos especialistas opinan que seguir hábitos de limpieza e higiene dental es aún más importante cuando tenemos colocado un implante dental que cuando teníamos íntegra la dentadura original. Esta es una idea fuerte. Sabemos lo determinante que es la limpieza dental para tener una boca sana. Pues con los implantes dentales es todavía más importante.

Por otro lado, aunque se hayan colocado uno o varios implantes dentales, el paciente continúa teniendo en su boca piezas dentales de la dentadura original. Dientes que están expuestos a sufrir caries, traumatismos, infecciones en las encías y otras enfermedades bucodentales. Por lo que su revisión continúa siendo necesaria.

Por tanto, una persona que ha recibido este tratamiento deberá someterse a revisiones periódicas cada 6 meses o en el tiempo que proponga su dentista.

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