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Comienza el curso con una bonita sonrisa.

Comienza el curso académico. Empiezan las clases. Los estudiantes revisan que tienen en orden los libros y el material escolar. Los padres aprovechan para darle un repaso a la ropa y el calzado que se utilizarán sus hijos durante todo el año. Es un buen momento para hacer una revisión de la boca de los niños, y evitar que aparezcan problemas en los meses siguientes. Comenzar el curso con buen pie y una radiante sonrisa.

Comienza el curso académico. Empiezan las clases. Los estudiantes revisan que tienen en orden los libros y el material escolar. Los padres aprovechan para darle un repaso a la ropa y el calzado que se utilizarán sus hijos durante todo el año. Es un buen momento para hacer una revisión de la boca de los niños, y evitar que aparezcan problemas en los meses siguientes. Comenzar el curso con buen pie y una radiante sonrisa.

Es bueno añadir la visita al dentista a los preparativos que realizamos con nuestros hijos antes de que comiencen las clases y en los inicios de las mismas. Gran parte de la odontología es medicina preventiva. Las indicaciones del dentista ayudarán a instaurar en los niños y adolescentes una rutina de higiene dental, a prevenir complicaciones posteriores y corregir aquellas que se vislumbran en un futuro próximo. La boca de los más jóvenes no está exenta de problemas.

Problemas dentales en los niños.

Aunque gran parte de la dentadura infantil siguen siendo dientes de leche, estos pueden sufrir infecciones. En esta época se produce el recambio por la dentadura definitiva. Hay que evitar que los dientes nuevos surjan dañados. Cuidar la boca de los niños mejora su salud y calidad de vida. Estos son los problemas dentales más frecuentes en la infancia.

  • Caries.

El 20% de los niños tienen al menos un diente afectado por una caries sin tratar. Es una de las afecciones crónicas más comunes en la infancia. La predilección de los niños por los alimentos dulces: chuches, caramelos, galletas, bollería, bebidas azucaradas influyen en ello. Una dieta rica en azúcar y malos hábitos en el cepillado hacen que la infección avance.

En la boca humana se encuentran de forma natural una serie de bacterias, algunas de ellas contribuyen a la trituración y asimilación de alimentos. El azúcar hace que las bacterias dañinas proliferen y aumenten su concentración, formando la placa bacteriana. Las bacterias generan un ácido que ataca el esmalte dental, taladrando los dientes hacia su interior en dirección a la parte interna, el tejido blando en el que se alojan los nervios y los vasos sanguíneos. Cuando la infección alcanza esta zona es cuando se produce el dolor de muelas.

La caries se puede evitar y corregir con facilidad. Basta con hacer visitas regulares al dentista y con enseñarle al niño a cepillarse bien los dientes después de cada comida.

  • Dientes sensibles.

Cuando un niño siente incomodidad e irritación en los dientes al tomar alimentos muy fríos o calientes; a veces solo con respirar aire frío por la boca, es probable que sufra sensibilidad dental.

El esmalte de los dientes de los niños es más delgado que el de los adultos. Los ácidos y la placa bacteriana los erosionan produciendo pequeñas fisuras y un retroceso en las encías que dejan desprotegidas las terminaciones nerviosas. Los cambios bruscos de temperatura en la boca son percibidos por los nervios como una agresión.

El dentista, en estos casos, aplica un sellador que rellena las grietas y refuerza el esmalte natural, eliminando la molestia en el diente.

  • Bruxismo.

El bruxismo o hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes puede presentarse  en la infancia. Se produce por diferentes causas o una combinación de estas: una mala oclusión de la dentadura superior con la inferior, como respuesta al dolor o como síntoma de estrés o hiperactividad.

El bruxismo tiende a desgastar los dientes, incide en su descolocación y genera dolor al masticar. Si persiste en el tiempo, el dolor se extiende a la cabeza y al oído. Hay una modalidad, que es el bruxismo nocturno, que se da entre la fase 2 y 3 del sueño. Antes de la fase REM. Durante un periodo de 15 a 40 minutos, el paciente rechina los dientes mientras duerme. No es consciente de ello, lo pueden percibir sus compañeros de habitación o un dentista al observar un desgaste irregular en el esmalte y en la dentina.

Para tratarlo de forma eficaz es necesario llevar al niño a la clínica dental, confirmar el diagnóstico y que el odontólogo proponga el tratamiento más adecuado. Tradicionalmente, para corregir los síntomas se aplicaban férulas nocturnas, que protegían la dentadura del niño y evitaba que apretara los dientes o los frotara durante la noche.

  • Dientes retenidos.

En ocasiones un diente de leche no se afloja y no se cae dificultando la salida del diente definitivo. Esto hace que el diente nuevo emerja por donde no deba y se desarrolle torcido, apareciendo dos dientes en la misma posición. Los dientes retenidos pueden convertirse en una fuente de infección y producir espacios interdentales donde se acumulen restos de comida y se producen procesos de caries.

En este caso, el dentista suele extirpar el diente de leche atascado, liberando espacio para que la pieza dental nueva pueda desarrollarse. Con frecuencia hay que proceder a tratamientos de ortodoncia para alinear la dentadura una vez que los dientes han salido completamente.

Otros problemas dentales en la adolescencia.

Si las enfermedades dentales que se detectaron en la infancia no se trataron a tiempo, se desarrollan dando lugar a problemas más graves. También pueden aparecer molestias por hábitos o acciones propias de la edad. Estos son problemas nuevos que aparecen en la adolescencia.

  • Gingivitis.

Es una infección que afecta a las encías. En concreto al tejido gingival, que recubre la base de los dientes. La proliferación de placa bacteriana y del sarro provoca con el tiempo un retroceso en las encías y pequeñas grietas entre estas y la superficie de los dientes. La encía aparece inflamada, enrojecida o morada y muy sensible al contacto. Es frecuente que sangre durante el cepillado y sentir dolor al masticar.

Bajo la supervisión del dentista, esta enfermedad se puede curar y evitar que evolucione hacia enfermedades más agresivas que provocan, entre otras cosas, la pérdida de piezas dentales. Para tratarla es necesario intensificar la higiene bucal utilizando productos específicos.

  • Dientes torcidos.

Como consecuencia de la salida irregular de algunas piezas dentales y del crecimiento de la mandíbula y las estructuras maxilofaciales, se pueden producir situaciones en las que la dentadura se encuentre desalineada. Estas anomalías no solo tienen efecto estético, sino que afecta a la masticación de los alimentos y al habla (mala pronunciación de algunos fonemas).

Una de las manifestaciones más frecuentes son los dientes apiñados. Las piezas dentales se agolpan en la boca sin espacio para salir, lo que hace que algunos dientes emerjan torcidos o con una inclinación incorrecta. Esto sucede porque no hay espacio suficiente en la encía cuando está saliendo la pieza nueva, bien porque hay más o menos piezas dentales de las necesarias o porque los dientes tienen un tamaño irregular. De manera instintiva, la boca recoloca la dentadura como puede. Es necesario realizar un tratamiento de ortodoncia para alinear correctamente los dientes.

En los últimos años, se ha hecho popular el empleo de la ortodoncia invisible. La sustitución de los clásicos aparatos dentales por férulas removibles hechas a medida que van guiando los dientes torcidos poco a poco a la posición deseada. Cada semana o quincena el ortodoncista fabrica una férula nueva atendiendo a la evolución del paciente.

  • Piercings bucales.

Hay veces que los piercings que se colocan en la boca pueden provocar infecciones. Depende del material que se haya empleado, de las medidas quirúrgicas para su implantación y del tamaño. Perforar la lengua para colocar este accesorio sin tener el instrumental debidamente esterilizado o empleando un material rechazado por el cuerpo provoca la inflamación del órgano. Un tamaño desproporcionado dificulta la entrada de aire.

La existencia del piercing estimula de por sí una salivación excesiva y constante que propicia la proliferación de placa bacteriana, lo que facilita la aparición y desarrollo de enfermedades en las encías.

  • El tabaquismo.

Por la rebeldía propia de la edad hay una tendencia de empezar a fumar en la adolescencia. Hace unos meses, la odontóloga Vanessa Buffa publicó un artículo en la revista médica «Mejor con Salud» en el que describía los efectos negativos del tabaco en la salud de los dientes. Entre otras cosas, se sabe que el tabaco favorece la aparición y desarrollo de caries en la edad adulta, la halitosis (mal aliento) y la aparición de la periodontitis, una enfermedad en las encías que desencadena progresivamente la caída prematura de la dentadura.

Acudir periódicamente al dentista previene y cura muchos de estos problemas. Según nos comenta el equipo de la Clínica Smile Me, dentistas en Alcobendas, la clave está en formular un diagnóstico correcto y en aplicar un tratamiento acorde con él.

El diagnóstico prematuro permite anticiparse a la mayoría de las enfermedades dentales. La visita al dentista posibilita que chequeen la salud de nuestra boca y que hagan un seguimiento de la misma. Por eso es bueno acostumbrar a los niños desde pequeños a visitar la clínica dental, el comienzo del curso académico es una buena oportunidad para hacerlo.