El origen de la sauna se remonta a más de dos mil años atrás. Por mucho que creamos que se trata de un invento del siglo XX, su uso procede de otra época y diversas sociedades. Un claro ejemplo lo encontramos en Finlandia, donde se utilizan los baños de vapor desde hace más de dos mil años y, en cada casa, suelen disponer de una sauna propia.
Del mismo modo que hay pequeños y sencillos hábitos que ayudan a mantener la salud en óptimas condiciones, como puede ser la práctica de ejercicio regular, el uso de la sauna y los baños de vapor, puede convertirse en uno de ellos. Se trata de una terapia antigua de desintoxicación que ayuda a curar el cuerpo y la mente. En la actualidad, acceder a una sauna es más fácil que nunca, pudiendo encontrarlas en gimnasios y centros deportivos, además de en centros de bienestar. Existen a su vez varios tipos de saunas, como la de infrarrojos, la sauna húmeda, la sauna seca, el baño turco…
Lo más común en los tiempos que corren es entrar en la sauna tras entrenar. Aunque se trata de una actividad con tantos beneficios que lo ideal sería disfrutar de ella sin necesidad de ir al gimnasio. Es decir, con independencia de si se realiza alguna actividad deportiva o no. Las saunas han pasado en los últimos tiempos de ser una tradición a convertirse en un fenómeno viral. No se consideran meros espacios de relajación; se considera una práctica con muchos beneficios para la salud. Por lo que vamos a conocer todo lo necesario para saber si son o no, realmente, tan buenas como nos dicen.
Esta práctica milenaria tiene una larga historia, formando parte de la cultura de muchos países, sobre todo del norte, como la citada Finlandia. Un país que cuenta en su haber con más de tres millones de saunas, siendo una tradición muy arraigada, inscrita en el listado de Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO desde el año dos mil.
Un poquito de historia
Entramos en Saunas Luxe, fabricantes de saunas finlandesas y otros productos de vestuario, y no podemos dejar de preguntarnos cómo han podido evolucionar estos elementos. Nos da la impresión de que tienen una corta vida, pero tanto las saunas como las cabañas de sudoración cuentan con una larga historia en diferentes sociedades. Desde los países del norte de Europa hasta los de Centroamérica, han recurrido al uso de la sauna como medio seguro de liberación y limpieza. En la actualidad, más que nunca, nos encontramos expuestos a muchas toxinas, razón de más para que llevemos a cabo medidas simples de desintoxicación de forma regular, siendo la sauna de gran utilidad y efectividad para este fin.
Las saunas forman parte de las denominadas terapias de calor que, en diferentes culturas, a lo largo de la historia, han sido utilizadas con objeto de obtener beneficios terapéuticos. Para saber si realmente son beneficiosas para la salud, conviene conocer las diferencias entre sauna seca y húmeda. Las primeras funcionan a temperaturas de entre setenta y cien grados, con un nivel de humedad muy bajo, obteniendo un calor que induce una sudoración abundante, tolerada por cortos periodos de tiempo. Las saunas húmedas o baños turcos utilizan temperaturas más bajas, de entre veinte y cincuenta grados, con una humedad que puede alcanzar el cien por cien. En este caso, se genera una humedad y aire denso poco apropiado en personas con problemas respiratorios crónicos.
Esta cultura de la sauna se ha extendido notablemente, dando lugar a un espacio para socializar, aunque sus beneficios van más allá de la relajación y socialización. Pueden contribuir a fortalecer el sistema inmunitario, mejorar la salud pulmonar, aliviar el dolor de los trastornos musculoesqueléticos y reducir el riesgo de demencia, Alzheimer y mortalidad. Pasar tiempo en una sauna ayuda a controlar afecciones como las enfermedades reumatológicas y cutáneas.
Los diferentes tipos de saunas que podemos encontrar proporcionan diferentes beneficios, de los que hablaremos más adelante. El más tradicional de todos es la sauna de leña. Utilizan el fuego para calentar el espacio, alimentándose de maderas duras, secas y curadas, como la procedente del abedul, el roble o el arce. Maderas que arden intensa y limpiamente, creando un calor suave y húmedo.
Encontramos también las saunas eléctricas, en las cuales el calor se produce con electricidad, por lo general mediante elementos calefactores integrados que calientan rocas o paneles. Otra opción es la sauna infrarroja, en la que se recurre a la luz infrarroja para calentar el cuerpo de forma directa, sin tener que elevar la temperatura del aire.
El uso correcto de la sauna es uno de los aspectos que hay que tener muy presente, puesto que, aun tratándose de algo beneficioso, hay que hacerlo bien para obtener esos beneficios. Someterse a un baño de vapor dos o tres veces por semana, con una sesión de veinte minutos, es suficiente. Aunque lo más aconsejable, para obtener todos los beneficios, es acudir cuatro o cinco veces a la semana y pasar entre once y veinte minutos. No se deben superar los veinticinco minutos, ni los ochenta-noventa grados de temperatura.
Beneficios para la salud
Como decimos, un uso correcto de la sauna conlleva una serie de beneficios asociados. Puede mejorar la circulación, como cualquier actividad que eleve la temperatura corporal. Al elevarse, se aumenta la frecuencia cardiaca, lo que mejora la circulación. Sentarse en una sauna es como caminar en una cinta de correr a un ritmo regular y constante. A consecuencia del calor, el corazón bombea con más fuerza para que la sangre circule, lo que supone beneficios a nivel cardiovascular.
Por otro lado, puede ayudar a bajar la presión arterial. A nivel fisiológico, como sucede con la práctica de ejercicio, sube la presión arterial, por lo que, a largo plazo, se obtiene un mejor control y disminuye la presión arterial. Por lo general, la presión arterial diastólica baja, siendo un efecto beneficioso para las personas que padecen hipertensión leve o moderada.
Se trata de una excelente forma de aliviar el estrés. Una sesión de sauna es, dentro de la cultura escandinava, una manera de desestresarse y relajarse. De hecho, quienes practican sesiones de sauna esporádicas de unos veinte minutos, a ochenta grados, experimentan menor tensión, depresión, ira y fatiga, en lo relativo a la salud mental. Por lo que integrar sesiones de sauna en la rutina permite mejorar el estrés y todo lo negativo que supone.
También afecta al estado de ánimo, mejorándolo. Puesto que se trata de una actividad relajante de forma natural, el estado de ánimo puede mejorar al pasar tiempo en una sauna. Existen estudios que avalan este hecho.
La pérdida de peso es otro de los beneficios que puede reportar la sauna. Esto se debe a la sudoración producida durante la sesión. No debe confundirse con pérdida de grasa, puesto que lo que se pierde es líquido a través del sudor. Pero unido a otros hábitos de vida saludable, ayuda a que la pérdida de peso se lleve a cabo, puesto que mejora la sensibilidad a la insulina, reduce la inflamación y mejora la circulación.
Pasar por la sauna es bueno para la piel, que puede llegar a brillar. El uso de la sauna puede producir beneficios en la salud general de la piel, al hacer que la sangre fluya a la superficie antes de que empiece la sudoración. Lo que quiere decir que fortalece la piel, reafirmándola, haciéndola más elástica. Esto es beneficioso a nivel estético, pero también porque la piel ejerce como barrera protectora. También puede contribuir a eliminar el acné, debido a que el vapor mejora la hidratación y reduce el sebo.
Reducir la rigidez articular y muscular es otro de los beneficios que puede reportar el uso de la sauna. A la hora de recuperarse de un entrenamiento, ayuda a relajar los músculos tensos. El calor puede hacer que los músculos se vuelvan más flexibles y elásticos, ayudando a reducir el dolor muscular causado por el entrenamiento. Al mismo tiempo, puede ayudar con las cefaleas tensionales, aliviando el dolor muscular que las produce.
Utilizar una sauna no está directamente relacionado con la mejora del sistema inmunitario. Sin embargo, puede ayudar a fortalecerlo, ya que relaja y reduce el estrés, con lo que se refuerza la resiliencia inmunitaria en general. Lo que sí puede hacer es ayudar en la prevención de enfermedades de aquellas personas con altos niveles de estrés. El uso de la sauna reduce los niveles circulantes de los marcadores de inflamatorios, beneficiando la salud en general.
No puede faltar en la lista de beneficios el hecho de dormir mejor. Aquellos que tienen problemas para conciliar el sueño pueden recurrir a la sauna para mejorar sus patrones de sueño. La mayoría de las personas que utilizan la sauna reportan mejoría del sueño, por lo que, si relaja las tensiones, ayuda a aliviar el estrés y tiene todos los efectos beneficiosos para la salud, no es de extrañar que mejore el sueño.
En definitiva, la sauna reporta beneficios a muchos niveles y, sin tener que hacer mayor esfuerzo que acudir a ella. No obstante, en algunos casos y en personas que padecen alguna afección, lo mejor es consultar con el médico antes de tomar sesiones de sauna.